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| 01/03/2012 - Locales La "bendita policía" y el militarismo suicida de los laderos de Closs
19:16 | por Facundo Simon Viscovig, periodista de M4 ![]() Posadas. La protesta policial, que se extendió por más de una semana y logró que el Gobierno de Maurice Closs concediera los reclamos salariales y la amnistía a los líderes del acuartelamiento, dejó varios lastimados en las líneas del Gabinete renovador. Por más que no lo admitan, traten de esconderlo bajo una muralla de silencio, la Renovación percibe que gran parte de los funcionarios ministeriales no logran despojarse de su ineficacia, arrogancia adolescente y esa carencia de formación política, para ocupar un cargo de jerarquía. Actúan con la irreverencia y la torpeza de burócratas que suelen ser condenados a ocupar cargos de segundas o terceras líneas de un Gobierno. Cuando la cosa camina sola, y la poderosa caja fiscal chorrea de billetes y tributos, esa casta de “inoperantes” se imagina desapercibida. Quizás jueguen al poder y tejan internas palaciegas, como si fuera un hábito o un requisito a desarrollar para graduarse de político con injerencia o decisión. En los cafés y restó de las adyacencias de La Rosadita abundan… Pero cuando las crisis golpean sin avisar -o sin que se adviertan, como sucedió con el “acuartelamiento policial”-, horadan el Sillón del Gobernante y de sus principales ministros, es casi probable que –como en este caso, el Gobernador Maurice Closs- no le quede otra que revisar esa particular estrategia de andar rodeándose de subordinados y valerosos militantes, antes que cuadros capaces de cuestionar sus decisiones. Creo que a Closs le llegó la hora (si ama a la política como un artista suele amar su cincel para esculpir la obra), de rodearse de gente que lo critique de frente y lo elogie a sus espaldas. Le llegó la hora de valorar al que le dice una verdad aunque le duela y desprecie al que le miente para chuparle las medias. Tiene que fomentar la crítica constructiva puertas adentro, valorar los gestos de rebeldía en sus espejos. Y no andar pidiendo permiso al “hombrecito” que juega a marqués, rodeado de una corte de serviles. El buen liderazgo, el que se prolonga en la historia, no se construye sobre la base de la obsecuencia. Y mucho menos generando temor en sus colaboradores. El respeto se gana con audacia, seguridad en sí misma, amplitud, serenidad y ecuanimidad a la hora de gobernar. Lo del “golpe institucional” fue un absurdo, un desatino de trasnochados jugando a Trelew. Si hasta Carlos Rovira, el conductor de la Renovación, le esquivó a la foto de la “plaza de la democracia”, y apenas hizo el esfuerzo de ubicar al dócil diputado Tito Álvarez, que se pare al medio de la dupla gubernamental, como si todo fuera una trinchera de astucia. Closs tiene que saber que el periodismo crítico no conspira. También que los que le palmean la espalda y saltan por una chipa no ayudan. Tiene que percibir esos elogios de rebeldía, donde los peronistas solían acuñar la frase de que “traidor es el que ve un error y lo calla por temor”. El periodismo que sirve no es servil. Pero provocó espanto y escozor esa madrugada de mensajes de Twitter –la del último miércoles, tras la toma de la Jefatura-, donde el periodismo rentado de la Renovación trataba de sediciosos (literatura fascista) a los humildes policías, y convocaban a defender las Instituciones. Quizás, sólo era el obsceno temor de perder las "cajas" donde cobran suculentas pautas oficiales, para acatar la propaganda del régimen oficialista. La peor opinión es el silencio, decía como consigna el gremio de prensa. No hay que confundir lealtad con fidelidad. Y alguna vez atreverse a criticar de frente, como suele aconsejarme un amigo de tertulia, donde solemos estar acuerdo cuando ordenamos el mismo Malbec. El Ministro de Gobierno, Jorge Franco, sus laderos ministeriales, Roberto Chas Rubineau y Julio Lenzken; y el jefe de Gabinete, Pelito Escobar, entre otros, para no ser demasiado extenso, tendrían que imaginar como iluminar las sombras, y no andar pregonando un militarismo suicida, donde el costo sólo se lo lleva el propio Closs. Facundo Simón Vicovig Periodista de M4 |
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